Escribí, hace tiempo, un cuento donde hay una burbuja de jabón que habita en algún sitio de algún universo donde los segundos son larguísimos. Un minuto, por ejemplo, dura lo que para nosotros son años.

Unos ojos la vieron nacer, y se enamoraron locamente de ella  —bueno, francamente es la única forma de enamorarse—, pero su amor consistía en la contemplación, porque al primer contacto ella moriría.

Algunos nanosegundos la burbuja y los ojos enamorados coquetearon, ella se ponía multicolor, y ellos se dilataban sin reparo. La burbuja unía sus átomos y controlaba su oxígeno para vivir más, y así pasaron varios segundos.

Hasta que un día ella decidió morir en su primer y único beso de amor.

Josué R. Álvarez

Un día de 2015

“Sí soy”: ¿qué dice la gramática y la lingüística?  

Creo que a estas alturas del siglo XXI hay que vivir debajo de las piedras para no haber leído “Sí soy” en los comentarios de un meme o incluso en la publicación misma. “Sí soy”, es una expresión conformada por un adverbio y un verbo conjugado en primera persona singular. En algunas ocasiones se puede […]

«Mientras la sombra»: fuego que será ceniza

A pesar de que Salvador Madrid insiste en el prólogo del poemario Mientras la sombra, en que no hay un hilo conductor, y que se trata más bien de un libro de carácter fragmentario, sí es posible identificar algunos elementos unitarios. Estos se van forjando por repetición, por acumulación o por la transformación propia de […]