La confusión podría darse con mucha facilidad. Tanto el periodista como el influencer son personas que suelen estar frente a cámara y son vistos por muchas personas. Y claro, nada excluye que un periodista pueda ser un influencer o que un influencer en determinado momento se convierta en un agente periodístico.

Quizá la primera diferencia es muy evidente. El periodismo es una realidad más académica, ya que hace muchos años se estudia formalmente para ello, en cambio para ser influencer no hay ninguna formación específica. De hecho, la formación que dan las redes sociales a sus creadores de contenido es mucho más técnica, y por supuesto es mucho más libre.

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Pero la diferencia toral es que el periodista en esencia lo que busca es transmitir información, en cambio el influencer busca entretener y de alguna manera influir en los demás en la toma de sus decisiones. Desde ese punto de vista son oficios muy distintos.

Se dice formalmente que el periodista siempre debe abogar por la neutralidad y la imparcialidad. El influencer puede pintarse del color que sea en cuanto a política, fútbol, religión, etc.

Ahora bien, existe el periodismo de opinión e incluso en algún momento el interpretativo, que vendría a ser el punto de contacto entre el periodista y el influencer, ya que este tipo de periodista suele ser, como su nombre lo indica, un líder de opinión. Según la teoría de la comunicación, vendría a ser el primero de los dos pasos.

Creo que en ambos casos lo bueno y lo malo no se define por el oficio en sí mismo, sino por un asunto de ética, y en algunos casos puede que sea un asunto moral. Es decir, que si hay conflicto en algún momento entre influencer y periodista, hablará solo de la inmadurez de cada uno de los que entre en falsas e innecesarias dicotomías.

Josué R. Álvarez

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