El titular de este artículo puede sonar un poco pesado y hasta grosero, pero si pensamos con detenimiento puede que lo consideremos nada más descriptivo. Honduras es uno de los países más pobres de América, cuenta con un sistema educativo retrasado, hay violencia, hay discriminación y no parece que tengamos salidas prontas a estos problemas. Prueba de ello es que es más fácil tener una ruta de escape hacia Estados Unidos o España.

Donald Stanford nos recuerda en uno de sus artículos que Honduras no tienen ni un siquiatra por cada cien mil habitantes. Lo que ciertamente es alarmante.

Un estudio realizado en los departamentos de Yoro, Choluteca y Cortés arrojó una prevalencia en trastornos mentales en Yoro de 63%, para Choluteca de 62% y para Cortés de 74%. Es decir, que es una población altamente afectada en su psique. El mismo estudio concluye que los eventos violentos físicos, sexuales o políticos han contribuido a la afectación de la salud mental de los hondureños. En Choluteca, por ejemplo, predominan la ansiedad y la depresión.

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Ciertamente se trata de datos preocupantes, sobre todo porque en muchos casos no se tratan adecuadamente los trastornos. Entendiendo que el país vive casi todo en el mismo contexto, estas cifras bien podrían generalizarse.

Según datos publicados en enero de 2022 por diario El Heraldo desde enero de 2010 hubo en Honduras más de 4 mil suicidios, siendo los hombres las principales víctimas. En tanto que el rango de edad más afectado es de 20 a 29. La pandemia agudizó todas estas estadísticas. En 2020 fueron 405 muertes, y en 2021, 395.

Creo que urge que se preste atención a estos hechos, porque son otro flagelo de la sociedad. Y las personas que se suicidan solo son la punta del iceberg, ya que están los que la pasan mal y se suicidan, los que  la pasan mal y lo expresan, y los que se lo callan. O sea que debe haber muchas personas entre nosotros que se sienten frustradas y que no le encuentran demasiado sentido a la vida, en parte los factores que antes mencioné. Tal vez deberíamos normalizar hablar de estos temas, asistirlos y sobre visitar el psicólogo.

Josué R. Álvarez

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