El periodismo sensacionalista siempre se ha considerado un mal dentro del mundo de la comunicación, porque busca apelar más a las emociones que al contenido en sí. En algunos casos lacerando la dignidad de algunas personas. Y si hay algo en lo que todos coinciden es que no está bien, entonces, ¿por qué funciona?

El primer error creo que tiene una clave en el primer párrafo. Cuando uso el verbo «funcionar», me refiero casi exclusivamente a que es rentable o redituable para un periódico o un canal. Es decir, que produce suficiente dinero porque es suficientemente consumido.

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Así que el primer problema es que los agentes comunicadores son empresas, y por nobles que sean se deben a una ley de oferta y demanda. Las personas quieren ver periodismo sensacionalista. O eso presumimos.

Aquí aparece la palabra «morbo» que la Real Academia Española define en su tercera acepción como atracción hacia acontecimientos desagradables. Y en periodismo ese morbo generalmente se traslada a muestra de imágenes excesivamente violentas en los medios de comunicación como concluyen Revilla, Dávila y Fernández en su estudio «Morbo: discursos sobre contemplación y emisión de violencia en informativos».

Los mismos autores explican que es posible que haya en el ser humano una curiosidad innata que nos lleve mucho más lejos que la búsqueda de la mera información. A los seres humanos nos atrae lo prohibido, lo desconocido y lo extraño. Tal vez la respuesta definitiva se encuentre en la teoría del arte, que dice que el ser humano busca sentir; miedo, alegría, tristeza, lo que sea, pero sentir.

Es probable, entonces, que se trate de una generalización de una conducta, que del mismo modo es censurada por todos. Se debe decir que sucede no solo con este tema, sino que con otros.

Desde el punto de vista de la academia se seguirá condenando las conductas sensacionalista de algunos medios de comunicación. Quizá el verdadero problema no sea  quien busca ese morbo en las noticias sensacionalistas, sino aquellos agentes pasivos que se nos muestran en estados en los que ningún ser humano debería ser visto. Es sobre todo por la dignidad humana, que puede verse socavada y deprimida por este hecho.

Por otra parte, mantener este discurso de violencia y maltrato puede provocar una normalización de la violencia. Lo que a su vez provocaría que no nos preocupemos más por ella.

Será necesario también que se legisle sobre estos particulares, para proteger la psique de las personas.

Josué R. Álvarez

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