En 1995 Roberto Sosa publicó el poemario «El llanto de las cosas», texto que contiene apenas 23 poemas, todos de breve extensión, aunque de largo alcance poético. Este libro constituye uno de los últimos de su obra poética que data de 1959 con su ópera prima Caligramas.
Desde el mismo prólogo, de editorial Guaymuras, se advierte que es el libro más íntimo de Roberto Sosa, de lo que se desprende que una de las cosas que más tenía interiorizadas el poeta yoreño era la patria.
Desde el punto de vista de la temática, «El llanto de las cosas» puede dividirse en tres partes: las referencias a la infancia, la muerte como hecho humano y social, y la patria. En los primeros poemas, Sosa habla desde el punto de vista de la infancia, que se entiende dolorosa y hasta cruel: «Mi segundo recuerdo / lo desborda un muerto, / una procesión de muertos violentamente muertos» (pág. 23). Desde este verso encontrado en el primer poema se dejan ver temas más sociales y profundos, porque no solo invita a pensar la muerte, sino las formas de la muerte (violentamente muertos).

La muerte aparecerá luego menos filosófica y más denunciada en poemas como «Lo cubra el mar lo cubra», «Esa otra parte del misterio de la vida» o «Del odio», que tiene un final redentor (dedicado a la estudiante desaparecida Inés Consuelo Murillo). A pesar de que sí se denota el dolor en esta obra, hay una aceptación de las circunstancias fúnebres, incluso no sería descabellado pensar en algo de alegría, o por lo menos algo que va más allá del consuelo, dice a Ernesto Mejía Sánchez: «Amó su Nicaragua como nadie / y sentado está / a la izquierda / de Rubén Darío, fuera del maleficio» (pág. 30).
A partir de «La Ceiba» Sosa se dedica a la patria, y esta es quizá la parte que más se parece al resto de su obra en este poemario, entiende Honduras incluso más allá de las personas: «Los árboles estallan en lágrimas por sus hermanos árboles» (pág. 43). Como es común en Sosa la poesía se torna de denuncia, de indignación, de injusticia.
Aprovecha en «Siempre Honduras siempre» un juego de palabras: «Noche y día / propios y extraños repiten sin descanso: éste / no es un país, es un paisaje y se hunde […] Por eso mismo les decimos nosotros, porque es /un país niño, / tanto que todavía el pobre ni siquiera ha aprendido / a llover» (pág. 46). Usa la raíz de «paisaje» que es «país» y el sufijo «-aje» que si bien denota acción: «aterrizaje» o conjunto «ramaje» según el Diccionario histórico de la lengua española: «A veces tiene valor aumentativo, diminutivo o despectivo: boscaje, libertinaje» (Real Academia Española, 2021).

Es decir, se está ante el diminutivo (se descarta el despectivo o el aumentativo porque lo llama «niño»), de la palabra «país», que además, se hunde hasta por el nombre (Honduras). A un niño, a pesar de su incompetencia se le quiere y no queda más que enseñarle. A pesar de que el significado de la palabra «paisaje» no sea necesariamente positivo, sí puede que tenga este valor, y que «paisaje» y «bonito» sean formas semánticas más cercanas que «paisaje» y «feo» u «horrible», lo que provocaría una suerte de anfibología no inmediata en el texto. En «Eternidad y un día» vuelve a aparecer el paisaje, esta vez con relación a Tegucigalpa: «Ni el viento pasa por aquí y hasta la Muerte / es parte / del paisaje» (pág. 48). Se infiere que con el «hasta la Muerte», esta no debería formar parte del paisaje.
Los últimos dos poemas denotan más esperanza, en «Puerta única»: «[…] y aceptan / que esta mañana refleja la puerta única / por donde se puede entrar a la felicidad a título / de pueblo / liberado» (pág. 51). En «Bajo un árbol»: «Junto a esto / que a veces es algo menos que triste / bajo un árbol / desnudos si es preciso, moriremos» (pág. 53).
De nuevo Roberto Sosa con su lenguaje mesurado e ideas desenvueltas expone la idiosincrasia de un país y quizá de una región, en la que no es posible, como dice él mismo de la madre en el tercer poema, ignorar el llanto de las cosas.
Referencias
Real Academia Española. (2021). Tesoro de los diccionarios históricos de la lengua española Real Academia Española . Obtenido de Real Academia Española: https://www.rae.es/tdhle/-aje
Sosa, R. (1995). El llanto de las cosas. Tegucigalpa: Guaymuras.
Andolas: el hondureñismo que no significa nada
Hay un hondureñismo, registrado por Alberto Membreño que no significa nada.
«Blancura» de Jon Fosse: reseña
Comento aquí mis impresiones de «Blancura» del escritor Noruego Jon Fosse.
Fiado: apuntes del español de Honduras
Comento algunas frases relacionadas a la palabra «fiado».