«Bufar» y «bufón» son palabras que me remiten a mi infancia. De hecho, creo que como adulto jamás las he escuchado. En mi escuela, y según mis pesquisas en otras también, la acción «bufar» era equivalente a provocar. Siempre la escuché entre niños, y tal vez en alguna ocasión entre niñas. Aunque más bien creería que no. El adjetivo «bufón» hacía referencia un niño que provocaba constantemente, o sea, un provocador. Nunca escuché la forma «bufona», lo que refuerza la idea de que era un código exclusivamente masculino.
Lo de la constancia es importante, de hecho, probablemente la forma más común era «bien bufón», como en «sos bien bufón» o «ese cipote es bien bufón». O tal vez «solo de bufón trabajás». Decir «ese niño es bufón» o «niño bufón» suena antinatural. O es «bien bufón» o no es nada. El verbo igualmente solía aparecer en fórmulas como «dejá de estar bufándome» o «solo bufando pasás». Veremos que el «bufándome» es llamativo porque sugiere transitividad.
El Diccionario de la lengua española dice que «bufar» es un verbo intransitivo, es decir, no se le bufa a alguien, y lo define así en su primera acepción: «Dicho de un animal, especialmente de un toro o de un caballo: Resoplar con ira y furor». Para la segunda acepción propone: «Dicho de una persona: Manifestar su ira o enojo extremo de algún modo». Para la tercera y cuarta acepción propone el sinónimo «soplar» y «bofarse», respectivamente. Hasta aquí ninguna definición calza con lo antes descrito.
El Diccionario de americanismos, por su parte, tiene una marca diatópica para Honduras y Nicaragua en la tercera acepción: «Presumir o engreírse alguien, en especial de lo que carece». La cuarta acepción, que tiene una marca diatópica para Nicaragua, pero no para Honduras, es la que tiene el significado más cercano al que se trata en este artículo: «Retar una persona a alguien». Sobre esta acepción dice que es poco usada.
Para «bufón» el Diccionario de la lengua española tiene dos artículos. En el primero define la palabra con el sinónimo «buhonero» y se trata de un sustantivo. En absoluto relevante para lo que nos interesa hoy. En el segundo, que tiene tres acepciones, hace alusión al personaje cómico que actuaba para los reyes y a un truhan cómico, ambos sustantivos. Por último propone que es un sinónimo de bufonesco y chocarrero.
El Diccionario de americanismos dice que «bufón» es un adjetivo y sustantivo que refiere a una persona fanfarrona. Hasta el momento no se identifica ningún significado como el que se propone al inicio del texto, más allá de la definición equivalente de «retar» que aparece en el Diccionario de americanismos, sin embargo, la marca no es para Honduras. Tal vez la actitud jactanciosa, bravucona y pretenciosa del fanfarrón pueda ser considerada provocadora, pero no es exactamente lo mismo.
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El Diccionario de centroamericanismos no registra ni «bufar» ni «bufón», solamente «bufalear»: un verbo transitivo que significa «arrancar con violencia algo». El mismo significado registra el Diccionario del español de Nicaragua. ¿Podríamos considerar una actitud violenta en provocar o retar?
El Diccionario de hondureñismos de Carlos R. Cortés define «bufar» como «hacer alarde de algo que no se posee, en cuanto a poder, valor y bienes materiales». No aparece «bufón». Te conozco, mosco. Diccionario del pensamiento popular hondureño, de Juan Ramón Saravia define «bufar» como «Baladronear» y da un ejemplo: «El curro nunca bufa frente al orejón». Para «bufón» propone: «Fanfarrón, perdonavidas» y da un ejemplo: «Los bufones siempre encuentran un papá en la calle». Por cierto, me gusta eso de «perdonavidas», creo que es una bonita palabra. Estos ejemplos que aporta Saravia pueden iluminar sobre un posible significado parecido al que se rastrea en este artículo. En Te conozco, mosco también aparece la palabra «bufonada», que se define como una fanfarronada.
En los demás inventarios lexicográficos del español de Honduras no se registró ni el verbo «bufar» ni el sustantivo/adjetivo «bufón». Habría que considerar, al menos de manera especulativa, ese valor de «retar» que se presenta en Nicaragua.
Si se presta atención a la semántica de las diferentes acepciones de «bufón» y «bufar», hay en su composición una posible relación. Desde mi perspectiva, la transitividad que comparte con «provocar» resuelve el sentido con el que yo escuché de niño esas palabras. Por cierto, yo ni bufaba ni me bufaban, porque no solía meterme en problemas. Miraba las peleas desde la segunda o tercera fila de la rueda que se hacía en el patio de la escuela.
Josué Ramón Álvarez
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