Chancha gringa es un personaje de la literatura oral hondureña. Se trata de un hombre que se transforma en una cerda blanca. Aparece en varias historias, y pertenece a la categoría de transformaciones. Se trata siempre de un rostro conocido por la comunidad, pero que tiene alguna aureola de misterio, de esas personas de las cuales no se sabe mucho. La historia se suele difundir entre adolescentes y niños, aunque los adultos no quedan excluidos de la difusión de ella.

Las transformaciones, como suele suceder con muchos casos de la literatura oral, son nocturnas, y tienen un origen mágico y desconocido. Las apariciones también suelen darse con motivos morales, o por lo menos conductuales. Es decir, que se busca que los niños o los adolescentes no salgan de casa por las noches. Aunque más que de terror, tiene un aire jocoso. Los avistamientos tienen más relación con la develación de un secreto que con un daño que pueda causar a las personas que los presencia.

Es notable que la transformación sea a una cerda y no a un cerdo. Es un tema para investigar, pero el cambio de género podría tener origen en el tono jocoso y menos tenebroso del relato. El secreto, además de la transformación, es el género. Y de allí la burla. Lógicamente, estas historias han nacido en contextos machistas.

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Algunas de las historias de avistamientos de este personaje, yo las pude conocer de primera mano cuando era muy pequeño. Ojo, en un contexto urbano, aunque con una fuerte influencia rural. Aunque nunca se contaba yo lo vi, si no que zutano o mengano lo vio. Yo de verdad aluciné con esas transformaciones. Imaginaba al señor que tantas veces había visto encorvándose entre espasmos hasta que sus manos alcanzaran el suelo en forma de pezuñas. Imaginaba los gruñidos del cerdo escondiendo palabras humanas, y el nacimiento de un inquietante rabo. Y me preguntaba qué pensaría ese pobre hombre cada mañana. ¿Cómo se puede vivir así?, le recriminaba yo a la vida.

Y mientras escribía esto, pensaba en que, si bien jamás creí en Santa, varias de estas historias las daba por ciertas a muy corta edad.

Josué R. Álvarez

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