La poeta chilena nacionalizada costarricense, Valeria Varas habla en Ofidia, de la migración, del destierro y lo hace usando como símbolo la serpiente, en todas sus formas y sus dimensiones. Es, ciertamente, un gran acierto.

La serpiente tiene forma de camino o el camino es serpenteado. De hecho, los poemas están estructurados visualmente para causar la sensación de que se anda una senda, irregular, sorpresiva y a veces abrupta.

Tomado de Ofidia de Valeria Varas paras ejemplificar el camino serpenteado

Además, remite al mito judeocristiano es la serpiente la que provoca la migración (destierro) de Adán y Eva; y es también un imagen del mal, y por lo tanto del destierro eterno, desde la misma visión judeocristiana. Quetzalcóatl también es mencionada.

La serpiente, al igual que el yo lírico plasmado en el poemario, muda su piel, se desprende de sus escamas, porque la migración y el destierro del que habla Varas en Ofidia va mucho más allá que un cambio de localización. El destierro también tiene un impacto en el interior y en la integralidad del ser humano: se crece, se madura, se deja de ser y se evoluciona.

La serpiente también es rechazada a la vez que temida, como las mujeres expulsadas, como las personas que luchan y con palabras venenosas (para algunos) buscan despertarnos del sueño profundo que es esta vida.

Una de las virtudes de las que puede presumir el poemario es la unidad en el tema y en el discurso, sin llegar a ser repetitivo. Se mantiene el símbolo y lo que se dice a través de él; y el texto en ningún momento se traiciona. La soledad, el abandono, la incertidumbre, la mutación, la transformación, el cambio son las ideas que nutren, a veces juntas, a veces solas al poemario.

La primera parte está dedicada al destierro en todas sus dimensiones, en cambio en la segunda parte se dedica a hablar del amor, como si se tratara de un lugar del que uno se va. De allí que sea (Des) amor de Ofidia, como algo que no es, pero debería ser, así como el (Des) Terra de Ofidia, de la primera parte que de alguna manera declara que la tierra siempre debería ser, pero en algunos casos no lo es.

Uno de los poemas mejor logrados es Invidente, ya desde el nombre hay una invitación a pensar en los sentidos. La pregunta retórica del primer verso y su subsecuente afirmación es más que una invitación: ¿Qué crees que me llevó a ti? /algunas cascabeles somos ciegas. Y después dice: No fue el terciopelo de tus ojos / ni el roble de tu cuerpo… fue ese calor que emanas / y dadivoso arrojas por el camino  (pág. 37). Ante la ceguera solo quedan los otros sentidos.

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Los elementos que conforman el universo ofídico de Varas, con los cuales los lectores muy probablemente se familiaricen, se usan con muchísima claridad e integralmente en el poemario: Te acercaste / al oír los cascabeles de mis pies // y viniste una vez más a copular como lo has hecho con veinte mil hembras / de tantas otras especies // Pero nunca imaginaste que quedarías dos semanas atrapados en mis anillos // catorce días sin poder / dejar el lecho (pág. 44).

Los píes humanos se conjugan con los ofídicos cascabeles, el hombre o la bestia se acerca como si de un perro pavloviano se tratada, y el tránsito por una tierra se convierte en un tránsito por un cuerpo, del que forzosamente habrá que despedirse.

Como si de un relato se tratara, las afirmaciones hechas en un poema, no se olvidan en el siguiente. Luego de la última piel, por ejemplo, llega el olvido.

Además del relato de la mujer o del ser que migra, la unidad semántica permite una unidad global, se dejan caer por el camino palabras como pasaporte, indocumentada, frontera, territorio, salvoconducto, apátrida, cédula, carné, transitar, lengua materna, entre otras.

El lenguaje que utiliza es directo. No se lo puede juzgar de pretensioso o floripomposo. Es, al final de cuentas, un gran trabajo, que nos recuerda que donde sea que estemos y cualquiera que sea la condición en la que estemos, nuestro destino no es tan distinto que el de las serpientes.

Josué R. Álvarez

Bibliografía

Varas, V. (2005). Ofidia . San José, Costa Rica : Editiorial Lunes .

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