Los hombres verdes de Ula (Pompeyo del Valle, 1982) es un libro alegórico, con todos los riesgos que eso implica, es conocido el rechazo de lo alegórico en la literatura moderna. Son dieciocho relatos que navegan entre lo corto y lo micro, entre lo fantástico y lo maravilloso, entre lo moderno y la vanguardia. Hay elfos, elfinas, calles prohibidas, hombres que se convierten en zacate, ciudades que se vuelven de papel, hombres que sueñan que despiertan de un sueño, hombres que se transforman en cosas, payasos instructores de tránsito, etc. Del Valle propone un mundo singular, casi propio, lleno de símbolos que refieren a la realidad de Honduras, y por extensión a América Latina. Se habla igual de una ciudad X (ciudad lejana a San Petersburgo), que de una inventada, que de Tel Aviv, París o Tegucigalpa.

No todos los textos de este compendio gozan de la estructura natural del cuento o el microcuento, al menos lo que creemos que  es la estructura natural. En ese sentido el más afortunado es S.O.S, Tegucigalpa llama al mundo. Propone una alegoría bastante simple: Todas las radios en cadena se ponen a decir que el país se hunde en el agua cenagosa como una pobre canoa agujereada por las flechas de los indios y que el meteoro se ha dado un banquete de muerte en toda la línea de la costa del cabo de Gracias a Dios (pág. 33). Pero su estructura conduce hacia el final: […] la contaminación puede acabar la obra del meteoro. Es decir, que hay algo más detrás del desastre natural, es lo que queda, la sucia contaminación, la sucia corrupción.

Desde el punto de vista narrativo, aquí el lector termina en su cabeza no solo el cuento, sino que también la historia. Igual que el meteoro y sus efectos.

Bajo esa misma clave sociopolítica se puede leer La calle prohibida, donde Bartolo Gris termina siendo alimento para caballos por desobedecer al presidente, yendo a la calle prohibida. Se debe apreciar la estética con la que se logra una imagen que bien pudo ser brutal y violenta. Se puede decir que es uno de los beneficios de la alegoría. Sájar cuenta con el mismo destino, ¿es acaso la autoridad una especie de burla?, ¿un payaso? Y qué decir de las ratas que devoran la ciudad en La guerra de papel.

Semblanzas y destemplanzas del músico felino representa a ese hombre-herramienta, a ese hombre-no humano. Es el cuento quizá con más guiños literarios, por una parte está la referencia odiseica en Telémaco, y también hay algo de kafkiano: esa aceptación cotidiana de la transformación, por más interna que sea. También hay algo de La odisea en Pronósticos y vaticinios. En el cuento, después de que se culpe a los astros del caos ocasionado probablemente por Fifí, el narrador afirma: Sin embargo, espíritus menos propensos a las divagaciones poéticas consideran que la magnitud del desastre —aunque desde luego, no su origen— puede atribuírsele a algo mucho más prosaico: la imprevisión de los hombres (pág. 38), que recuerda a las palabras de Zeus en el canto I del texto homérico: ¡Oh, dioses! ¡De qué modo culpan los mortales a los númenes! Dicen que las cosas malas les vienen de nosotros, y son ellos los que se atraen con sus locuras, infortunios no decretados por el destino (Homero, 2017).

En definitiva, Los hombres verdes de Ula es un texto distinto, ecléctico y alegórico, pero no sin mérito.

Bibliografía y referencias

Homero. (2017). La odiesea. Barcelona : Espasa.

Serra, C. (s.f.). Los modos alegóricos y el Criticón . Los Cuadernos de Literatura , 44-47.

Valle, P. d. (1982). Los hombres verdes de Ula . Tegucigalpa : Guaymuras .

Portada del libro

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