Leonel Alvarado es uno de los poetas contemporáneos más sólidos que tiene Honduras, y lo demuestra en El reino de la zarza. La más grande cualidad del poemarioes su unidad, conseguida a base de repetición, que en otros casos sería un riesgo, pero la virtud de este es que la piedra nunca es igual, la piedra nunca está en el mismo lugar, tiene formas distintas y se resignifica según la época.  

El poemario de Alvarado se compone de tres partes: presagios, ruina en ruinas y nahuales a la deriva. En la primera parte, el poeta propone una especie de lienzo, uno que se mueve, y va logrando la cohesión a base de mostrarnos las piedras, una iguana, una ceiba, un jaguar, el campo de pelota desde diferentes perspectivas y todos los escenarios que se puedan construir a partir del léxico delicadamente repartido entre los poemas.

Presagios es la vieja Copán, que en el momentum lírico es la nueva Copán, o por lo menos la presente: la piedra golpea como si ya fuera cabeza del martillo (pág. 20). Es una piedra cualquiera, que el tiempo transformará en una herramienta, quizás una sinécdoque de la ciudad.

civitatis

En la segunda parte, referida a las ruinas, Alvarado se centra en lo que en presagios, fue nada más parte del decorado, acaso esencial de la cultura maya: la piedra. Las ruinas son piedras, y piedras mayores, con una sabiduría conseguida con los años. Además, en el poemario las piedras están vivas o por lo menos las dota de movimiento: piedras plantadas a la deriva (pág. 13); la piedra golpea como si ya fuera cabeza del martillo (pág. 20); la enorme anciana de piedra sonríe al verme (pág. 31); y que trituren mi cabeza las fauces / desdentadas del jaguar de piedra (pág. 33). Lo que provoca que el oxímoron aparezca una y otra vez en el texto.

Aquí el esplendor maya es tan pasado que aparecen los turistas, los blanquísimos turistas: la fotografía del turista ávido de curiosidades (pág. 41); pone a tostarse al sol a los turistas blanquísimos (pág. 36). La roca ha permanecido y hemos viajado en el tiempo casi sin darnos cuenta.

En nahuales a la deriva, solamente queda la energía, el espíritu, ni siquiera las ruinas. Es decir, que las ideas prevalecerán más que las ruinas. Aquí aparece un nuevo elemento: el fuego iluminador, que se da a partir de la fricción entre las piedras. Quizá son las ruinas (las piedras) que nos iluminan con cierto esplendor del pasado, o al menos ese es nuestro deseo: intento sacar fuego de estas piedras (pág. 49); así la luz que brota de estas piedras (pág. 50). La imagen queda tan impregnada que esa fricción luego se traslada a la piel: frotar cuerpo contra cuerpo (pág. 60). Antes fue la cabeza contra la piel.

La piedra aquí también es estela, el calendario circular. Aparece en esta parte la piedra preciosa: el jade y la obsidiana, ambas dedicadas a los temas religiosos. El jade se relacionaba con el origen, y la obsidiana por su parte se relacionaba con la tierra, el sacrificio y la guerra. La piedra que hace fuego está húmeda como para hacer fuego: a intentar sacarle chispas a esta piedra humedecida (pág. 64), como los campesinos mayas que no saben que son mayas: del campesino que es maya sin saberlo (pág. 50); como la aparición de Jesús y María: ixmucané maría jesus blanca estela (pág. 57).  Y hay que prestarle mucha atención al último poema, que no puede ser otro tiempo que el presente, destino acaso transitorio de los mayas.

Alvarado opta por no usar mayúsculas ni ningún tipo de puntuación, lo que no resulta extraño en la poesía, pero quizá tenga un sentido especial en una ocasión, ya que las única palabras que escribe con mayúscula inicial, en contraposición a otros nombres propios que usa, son Xibalbá, Cuarta Edad, Edad, Silva y altar Q. La mayoría de ellas significativas para la cosmovisión maya.  

El reino de la zarza, es una pieza valiosísima de la poesía hondureña, amplio en figuras literarias, con un sistema consistente para presentar lo que acaso podríamos considerar el occidente de un centro inventado: hasta que alguien venga / con los brillos amanecidos del Oriente (pág. 64), y muy disfrutable, sobre todo con un Popol vuh al lado o presente en nuestras memoria.

Josué R. Álvarez

Bibliografía

Alvarado, L. (2017). El reino de la zarza . Tegucigalpa : Editorial Universitaria .

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