Viajar en bus es toda una experiencia para los sentidos: sonidos, olores, colores y hasta sabores. Para muchas personas es su único medio de transporte, pocos lo toman como una opción; a la que pueden usar taxi, usan taxi; o a la que pueden tener su propio vehículo, lo hacen. Es cierto, puede llegar a ser una experiencia no gratificante, pero yo me lo he tomado con bastante calma y gracia. Cuando estudiaba en el colegio iba y venía en ellos, y de aquí salen casi todas estas anécdotas. Ojo, hablo de los buses amarillos, de los míticos Blue Bird de los noventa y los ochenta.

1) Me bajaron en otra estación

La única explicación que encuentro para este hecho es que el conductor andaba bajo los efectos de algún estupefaciente. Yo tenía 14 años e iba del colegio a mi casa.

Cuando vi que me acercaba a mi destino dije próxima, no obtuve respuesta ycreí que no me había escuchado. Lo repetí, varias veces, cada vez más alto, y luego  me acompañaron otros pasajeros, un par de señoras quizá. Aparecieron los insultos hacia el conductor, pero él estaba atento solo al camino. Anda drogado, dijo una de mis acompañantes. Fue secundado. Ahora que lo pienso, con la velocidad que llevaba, si nos hubiera prestado el mínimo de atención tal vez hubiéremos tenido accidente.

Varios kilómetros después paró. Aproveché para bajarme, y tan lejos estaba que tuve que tomar un bus en el sentido opuesto. Por suerte tenía dinero suficiente.

2) Olvidé si había pagado  

¿Pagué?, más de una vez me hice esa pregunta, cuando el cobrador me tocaba el hombro y me sacaba de mis divagaciones. De mi colegio (el del bachillerato) a mi casa había más o menos  una hora de camino, y más de alguna vez pagué dos veces. Y no descarto que alguna vez se me haya olvidado pagar, sobre todo si cambiaba el punto donde me subía (tenía dos opciones). Lo malo es que me daba cuenta muy tarde, cuando para comprar algún churro, algún fresco o ajustar la pelota las cuentas no me cuadraban.

3) Me asaltaron

Tristemente muchos han sido asaltados, eso lo sé. Aquí lo anecdótico es que una vez me pasó dos días seguidos. En el mismo punto, y hasta donde recuerdo diferente ladrón. Pero soy tan desmemoriado para esas cosas que bien pudo haber sido el mismo delincuente, en todo caso él también la tenía muy mala. También alguno (en otra ocasión) me pidió disculpas por despojarme de mis bienes. Estaba en primero de bachillerato y tenía 15 años. Muchos años después asaltaron a varios (tal vez muchos) en el bus, menos a mí. Y el ladrón se sentó a mi lado. Puede ser porque fingí no estar enterándome de lo que pasaba.

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4) Vi como se sacaron el arma

No, si fuera en un asalto no contaría. Yo cuando estaba en exámenes solía salir muy temprano del colegio, y a diferencia de otros días me subí solo al bus, que estaba casi vacío. Muy cerca de llegar al lugar donde me bajaría, dos tipos que antes habían estado riñendo, sacaron un arma y se apuntaron. Yo me bajé del bus cuando aún no había parado.  12 años.

5) Corrí tras el bus

Correr tras el bus está relacionado con tres hechos. El primero de ellos es que paran donde quieren. El segundo es que los buses tienen terrible costumbre de esperar con una titánica paciente que se suban más pasajero y esto le quita el puesto a los demás. Y el tercero es que llevan prisa, siempre están compitiendo por quién llega primero al próximo grupo de pasajeros. De las tres variables fui víctima.

6) Me bajé del bus en movimiento

Sí, la vez de las armas fue una, pero hubo otras tantas que, por la prisa del conductor, y gracias a la presión del cobrador me bajé, no siempre con impecable equilibrio, del bus cuando aún se movía. Era adolescente y ágil (más o menos). Lo que me descorazona es que lo vi un par de veces con señoras. Y como contraparte, también me subí cuando ya había empezado a moverse. Había que llegar temprano a clases.

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7) Esperé demasiado tiempo

Seré breve: vi muchas veces a la ciudad cambiar su camiseta de tarde, por su traje de noche, mientras esperaba. Alguna vez emprendimos una excursión para llegar a un punto más cercano a nuestro destino y así  tomar otra ruta.

8) Se quedó el bus y me pasaron a otro

O el bus se quedaba por un fallo mecánico o sorprendían a los conductores sin licencia. Había que irse a otro. Lo divertido de la situación es que en el cambio, los que iban parados quedaban sentados y lo que iban sentados quedaban parados. No importaba mi situación, yo siempre quedaba parado. Me pasó varias veces.

9) Olvidé mi teléfono (o me lo robaron)

Aquí hay un poco de trampa. Fue en un bus interurbano, de Petén a Ciudad Guatemala. Por cierto, un viaje de madrugada, al igual que el de ida. Cuando llegué a la casa que habitaba, busqué, busqué y nada. Llame y nada. Lo había comprado apenas unas semanas antes. Tenía 19 años.

10) Me subí a la ruta equivocada

Para que alguien se suba a una ruta equivocada tienen que converger dos variables: ser despistado y usar mucho transporte público. Si se es despistado y se usa con frecuencia, tarde o temprano pasará. Tenía 21 años, estudiaba en la universidad.

Miscelánea

Otras dignas de mencionar. La música alta (de moda o del recuerdo), las pláticas del conductor (si se frecuenta el mismo bus por la hora que pasa, se sigue casi como una novela), el susto cada vez que alguien con extraña apariencia se sube (perdón por los prejuicios), los vendedores (disculpe que interrumpa su plática o conversación con su novio, su amigo…), y la ciudad que se mira desde sus ventanas. En Honduras tenemos más o menos la idea de cuáles son las estaciones, pero lo cierto es que a fuerza de no respetarlas, ya no sabemos cuáles son estaciones exactamente.

Josué R. Álvarez

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