Matemáticas. Siempre recordaré ese examen, eran ecuaciones de tercer grado. En la clase teníamos un libro de referencia con ejercicios al final de cada tema. Como es normal esos eran parte del acumulativo (40%). Había uno en especial difícil. No, no me salía, no lograba llegar a la respuesta de ninguna manera. Estuve toda la mañana del día del examen (iba al colegio por la tarde) tratando de resolverlo. Ya no era por aprender, ya no era por ir seguro al examen, solo quería hallar la respuesta y nada más.  No pude, así que tomé mis cosas y me fui al colegio.

Vaya cosas de la vida: era justo ese ejercicio el que venía en el examen (él solo costaría unos quince puntos, tal vez veinte). Lo bueno es que lo había resuelto de camino, en el bus. Y hasta me lo sabía de memoria.  Cien de cien en ese parcial.

Josué R. Álvarez

«Mientras la sombra»: fuego que será ceniza

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