Argumento

En 1993 se estrenó El piano, ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, dirigida por Jane Campion, directora también de El poder del perro (2022). En esta obra se nos cuenta la historia de un piano y el impacto que tuvo en la vida de Ada. Todo comienza en la Escocia de 1852, donde viven Ada McGrath (de unos 30 años y muda desde los 6) y su hija Flora McGrath (aproximadamente de 10 años). Existen numerosas hipótesis sobre el enmudecimiento de Ada; de las cuales se dan indicios a lo largo de la película: ¿es un impedimento físico?, ¿posee un talento misterioso?, ¿recibió una impresión tan grande como para perder la capacidad de hablar?, ¿simplemente está loca? Sin embargo, en ningún momento se explica la razón —al final de la historia vemos que este es un evento reversible en la vida del personaje—.

Poco tiempo después, Ada se traslada hacia Nueva Zelanda con Flora y sus pertenencias más preciadas. Su padre la entregó en matrimonio a Alisdair Stewart, un terrateniente de una zona inhóspita, fangosa y habitada por una tribu maorí que convive con propietarios ajenos a sus costumbres. Ada y Floran se ven forzadas a emprender un viaje largo y lleno de dificultades ocasionadas por lo inaccesible de la zona. A pesar de las circunstancias de la alianza entre ellos, Alisdair parece amar a Ada o estar dispuesto a hacerlo, afirma amarla “como Dios ama a sus criaturas mudas”. Al llegar a su nuevo hogar conocen a George Beins y las cosas se complican. Los personajes conviven mientras se desarrollan historias de amor, deseo, engaño y agresión entre unos y otros, cambiando notablemente el destino de Ada, George, Alisdair, Flora y el piano.

La relación personaje-objeto: el sueño de un viaje y la experiencia subjetiva del ser

Hasta el momento no sabemos nada del instrumento que da nombre y sentido a esta historia. El piano adquiere vida con Ada cuando lo toca; importancia con George cuando lo utiliza como moneda de cambio; pesadumbre con Alisdair cuando lo mutila; y desconsuelo con el mar cuando se hunde en él.

La presencia del piano en la historia desencadena una serie de acontecimientos que, con efecto similar al de una bola de nieve, van arrastrando a Ada, Alisdair, George y Flora hacia un precipicio de emociones y dependencias de unos con otros. El primer evento importante se da ante la imposibilidad de trasladar al gigante melódico, hecho que influye en la decisión de Ada de quedarse con Flora —como esposa e hija amorosas— a pasar la noche en la intemperie. Más impactante resulta la decisión que Ada toma después cuando George intenta sobornarla para recuperar el piano. Ada acepta visitar a George y cumplir sus fantasías eróticas utilizando las partes del instrumento como moneda de cambio para recuperarlo. Al inicio de la historia Ada está dispuesta a todo para proteger el piano.

Por este motivo es importante definir la relación personaje-objeto que se desarrolla en la película; incluso la proyección que se observa en algunos casos de un personaje hacia otro que, para efectos de este análisis, definiremos como A1 o B1 (personaje que se proyecta) y A2 o B2 (personaje u objeto que recibe la proyección). Antes de llegar a este punto se expondrán algunos rasgos que se deben considerar y aspectos técnicos que influyen en esta discusión.

Primero, si bien es cierto, hay aspectos irreductibles en cada cultura, la globalización y la multiculturalidad confluyen de forma que otros componentes pueden coincidir naturalmente. Consideramos uno de ellos la importancia de la visión de la naturaleza humana, y parte de la misma es la idea que tenemos sobre la relación entre los humanos, animales y objetos.

La experiencia subjetiva se expresa a través de la frase Yo soy mí mismo. Yo es la primera persona —existente en prácticamente todas las lenguas— y , diferente de yo, es la objetivación del sujeto. De modo que, para reconocer su propia existencia, el individuo debe colocarse, al mismo tiempo, en posición de sujeto y objeto, sujeto perceptor y objeto percibido.  (Martínez González, 2011, pág. 28)

Si consideramos este razonamiento podemos decir que los seres humanos percibimos y transmitimos sensaciones y emociones a partir de nuestras representaciones mentales y del lenguaje. Es posible que solo tengamos acceso a la realidad a través de dichas representaciones. Esta operación es la que hace que el ser humano sitúe su identidad sobrepasando los límites de lo corpóreo, y esto, a la vez, puede percibirse de diversas formas y con diferentes nombres dependiendo del contexto cultural del que sea visto.

Partiendo de una concepción indígena de la realidad, que es uno de los rasgos de la película, pero desde una visión mesoamericana, aludimos algunos conceptos como entidad anímica, ánima y, el más importante, nahualismo. Hablaremos de entidad anímica cuando se quiera expresar aquello que anima al ser u objeto en el mismo plano que se desarrollen las acciones de la historia que estudiamos, preferimos el término ánima en lugar de alma por ser más conveniente, y, finalmente, llamaremos nahualismo al fenómeno de proyección no corpórea antes referido.

Ada y Flora: el aroma del amor y los límites en la relación materno-filial

Si retomamos la historia, los eventos importantes giran en torno a cuatro personajes igualmente importantes que son Ada, Flora, Alisdair y George. Algo curioso es que podemos ver dos parejas de personajes que se corresponden mutuamente: Ada con su hija Flora y Alisdair con su amigo George. Digo esto porque constantemente vemos cómo unos se contagian de rasgos de los otros y eso va marcando el curso de los hechos.

Si comenzamos con Ada (A1) y Flora (A2), encontraremos algunos momentos en la cinta donde A2 refleja conductas o aspectos de A1. El móvil o fundamento del fenómeno identificado en esta pareja es la relación madre-hija que las une. Al inicio de la película vemos a ambos personajes vestidos de forma muy parecida: trajes con amplias faldas de lana aterciopelados de arriba abajo, en tonos de negro, con la única diferencia de que A1 porta siempre un colgante plateado que realmente es una libreta de notas que le permite comunicarse con el exterior.

Sobre la comunicación, A1 recurre a dos formas de expresión: una es escribir notas para su interlocutor y otra es hablar en señas para que A2 traduzca, lo alucinante es la vehemencia y precisión con que ella lo hace, convirtiendo no solo las palabras, sino las emociones de A1 en propias, haciendo suya el ánima de A1 a través de su voz.

Un punto de inflexión en esta dinámica planteada entre ambos personajes se da cuando A1 accede a las condiciones de la extorsión, decisión que comienza a marcar un grado de separación entre una y otra. Este distanciamiento no corpóreo se ve reflejado, nuevamente, en los mismos aspectos que antes han determinado las coincidencias. Ahora, A2 viste ropa más sencilla, ligera, en tonos blancos, generando un contraste de texturas y colores, recordando, además, la oposición de colores y diferencia de tamaños entre las teclas negras y blancas del piano. Así mismo, A2 comienza a comunicarse de forma más autónoma, por ejemplo, al inicio de la historia afirma: “No le diré papá, no lo llamaré de nada. Ni siquiera voy a mirarlo.” Y cuando se distancia un poco de su madre comienza a llamarlo “padre”, seguirlo y contarle las cosas que hace su mamá durante el día, agregando siempre una opinión en la que parece apoyar la postura de Alisdair más que la de Ada: cuanto más se aleja de Ada, más se acerca a Alisdair, y viceversa.

En cuanto a los aspectos técnicos involucrados en esta percepción de correspondencia entre A1 y A2, lo primero que salta a la vista (o más bien a la escucha) es que la voz en off de Ada que narra la historia es una voz infantil, probablemente la mayoría atribuiría su tono y timbre al de una niña, lo que no excluye la posibilidad de que un adulto pueda hablar de ese modo. Sin embargo, es un aspecto muy llamativo y que, como se dijo antes, contribuye a este razonamiento. Luego, los gestos y movimientos corporales de ambas resultan idénticos en repetidas ocasiones (cuando A2 debe interpretar lo que A1 dice en señas, en el momento que se enteran que deben dejar el piano en la playa y ambas se quedan con medio torso girado viendo hacia atrás con sus sombreros idénticos y la misma expresión en el rostro, cuando van a casa de George para pedirle que las lleve a la playa y se quedan viendo como ensilla el caballo mientras giran la cabeza hacia un lado y otro a la vez, entre otras escenas similares).

Alisdair y George: pequeños impulsos ceñidos por grandes deseos

Otro caso donde podemos ver como un personaje proyecta su ánima a través de otro es con Alisdair (B1) y George (B2). En este caso es distinto ya que, a pesar de que la relación entre ellos es más distante que el vínculo madre-hija, se encuentran viviendo a medias el mismo rol respecto de Ada: Alisdair está casado con ella, pero no puede poseerla de ninguna forma, mientras George sostiene una relación ilegítima con Ada sin poder hacer públicos sus sentimientos. Entonces, decimos que el móvil de este dúo proviene de Ada que es el punto en común y que, a la vez, genera una dinámica de contrapuestos.

Antes de exponer los elementos a comparar, veamos un poco la historia detrás de B1 y B2. B1 es un terrateniente, un neozelandés que se casa con una mujer que le han vendido y a la que desconoce. B1 posee tierras y él mismo las trabaja, pero siempre viste traje, saco y sombrero de copa negro. En contraste, B2, si bien es un hombre caucásico y también posee tierras, no sabe leer ni escribir. B2 viste siempre ropa sencilla, de colores marrones y matices de blanco, estampados autóctonos, además, lleva sombrero estilo chupalla, botas y tatuajes maoríes. B2 es un hombre que, en medio de la colonización de los maoríes de Nueva Zelanda, se introduce en la cultura de la zona y va en contra de su naturaleza.

Más importante que las diferencias señaladas en la vestimenta, haremos énfasis en aspectos morales y conductuales antitéticos que se perciben durante toda la historia. Primero, cuando conocemos a los personajes vemos en cada uno reacciones opuestas hacia el piano: B1 decide dejarlo en la playa cuando trasladan las pertenecías de su nueva esposa a su casa, a pesar de saber lo importante que es para ella su instrumento, en cambio, B2, cuando tiene la oportunidad, lleva a Ada y Flora a la playa para que toque el piano y se queda solícito escuchando su música, a la vez entendiéndola y, posiblemente, empezando a quererla.

Desde este punto hacia adelante, ambos personajes van accionando desde perspectivas divergentes, pero completando a través del otro sus anhelos. Esto se da con el contacto físico, en el caso de B1, aunque está legalmente casado con Ada, ella lo rechaza y le impide tocarla, incluso Flora como espejo de su madre no deja que le dé un beso de buenas noches. Por otra parte, B2 va poco a poco accediendo a la piel de Ada hasta llegar a la intimidad. Primero, encuentra un agujero en las medias de Ada y toca con su dedo, en otra ocasión se acuestan desnudos en la cama, pero sin contacto, y finalmente tienen relaciones consensuales luego de finalizar su acuerdo. En esa última escena B1 se esconde debajo del suelo para ver como su esposa y su amigo tienen relaciones y, de alguna forma, comparte el placer que ha sentido B2 al hacerlo y desde ese momento se da una separación física entre B2 y Ada y, en la intimidad de su cama matrimonial, Ada comienza a acariciar el cuerpo de B1 tratando de recordar su encuentro con B2. La piel se convierte en el mecanismo que conduce los deseos de Ada y entreteje los intereses de B1 y B2, después, no se trata solo de la pasión, sino de obtener el amor de Ada.

El piano: las cosas imperfectas del corazón

Ahora, veremos el caso de nahualismo encontrado en el análisis de la película. Si revisamos las formas atribuidas a los nahuales de los distintos pueblos mesoamericanos contemporáneos, según Martínez (2011, p. 91) notamos que estos pueden poseer variadas formas o representaciones:

No siempre [son] zoomorfos, pues, además de una gran variedad de animales, encontramos fenómenos meteorológicos —entre los mixes, los tzeltales, los huaves y los mames—, vegetales —entre los totonacos— y piedras —entre los nahuas—. Además, existen entidades monstruosas o no naturales; entre ellas, Goloubinoff menciona al tlameztli, “luna de tierra”, al mecatl, “manojo de cuerda”, y la cihuateyugo o llorona, una joven y bella mujer que hiela a los hombres con el grácil movimiento de su rebozo.

Así mismo, Martínez (2011, p. 76) asegura que “las ánimas mesoamericanas pueden clasificarse en cuatro grupos principales: corazón, aliento, calor y sombra” y esta clasificación suscita asociaciones entre unos elementos y otros. Después de meditar lo anterior, consideramos el piano un nahual  de Ada de tipo corazón. Para fundamentar este argumento, reflexionaremos sobre algunos aspectos:

Cuando inicia la película, Ada dice (voz en off) “No hablo desde los seis años […] Lo extraño es que no me siento muda. Es por mi piano”, estableciendo de forma temprana un vínculo vital entre Ada y el piano, convirtiéndolo en uno de sus sentidos. Ada se encuentra tan ineludiblemente unida a su piano que aún dormida recurre a su música. Ahora bien, no bastará para nuestro razonamiento que el piano posea una entidad anímica para Ada, debe poseerla para otros y un ejemplo de esto se da cuando Ada y Flora llegan a la playa, algunos de los navegantes que las llevan a Nueva Zelanda al cargar el piano desde la embarcación hasta la orilla de la playa dicen “¡Jesucristo, que ataud infernal!, ¡Cristo, cómo pesa!” como si cargaran un cuerpo en su féretro, idea que, dicho sea de paso, se concreta con su muerte más adelante.

La mañana siguiente, cuando Alisdair llega a la playa ordena dejar algunas cosas ya que no hay suficientes hombres para cargar, y cuando Ada ve que entre ellas está el piano entristece mucho. El camino que los separa se vuelve difícil y fangoso, incluso la tribu se detiene un momento y uno de sus líderes afirma “es el camino para el territorio del funeral. Es un ritual”, como si se tratase de una procesión fúnebre, como quien abandona un ser querido, insistiendo con la idea de la muerte del piano, cual si fuese un ser con ánima.

Luego nos enteramos de que Ada no tiene una ceremonia matrimonial, en su lugar se toma una fotografía con Alisdair como una formalidad. Y luego de tomar la fotografía Ada ve la lluvia a través de la ventana, como si recordara el esposo que perdió, el piano que abandonó o ambos. Y por supuesto que nosotros también lo vemos.

Flora, molesta porque no se le permite aparecer en la fotografía, cuenta una historia sobre su padre y Ada que nos hacen meditar sobre el momento en que el piano se convirtió en el nahual de Ada:

FLORA.— Mi papá era un famoso compositor alemán. Se conocieron cuando mi mamá era cantante de ópera en Luxemburgo.

TÍA MORAG.— ¿Dónde se casaron?

FLORA.— En una floresta, con hadas como damas de honor. Cada una tomada de la mano con un duende… Es mentira. Fue en una capillita en las montañas.

TÍA MORAG.— ¿Qué montañas querida?

FLORA.— Las pirineas.

TÍA MORAG.— Nunca estuve ahí.

FLORA.— Mamá cantaba en alemán y su voz hacía ecos en los valles. Eso antes del accidente.

TÍA MORAG.— ¿Qué sucedió?

FLORA.— Un día cuando mis papás estaban cantando en la floresta empezó una fuerte tempestad. La música era tan apasionante que no lo notaron. No pararon cuando la lluvia empezó. Cuando sus voces iniciaban el trecho final un gran rayo cayó del cielo y atingió a mi papá. Se quemó como una antorcha. En el momento que mi papá murió, mi mamá se quedó muda. Más nunca dijo una palabra.

Más adelante, Ada le cuenta a Flora la historia de su padre:

FLORA.— Ah, pero cuéntala otra vez. ¿Él era tu profesor? ¿Cómo hablabas con él?

ADA.— No necesitaba hablar. Lograba hacer llegar pensamientos a su mente como si fuesen una sábana [hoja].

FLORA.— ¿Qué sucedió? ¿Por qué no se casaron?

ADA.— Le dio miedo y entonces dejó de escuchar.

Es inevitable no considerar la coincidencia, Ada se enamora de su maestro de piano y, años más tarde, siendo maestra de piano se enamora de George. Y el piano, como testigo y cómplice de los sentimientos de Ada lleva tatuado en madera propia la huella de su amor hacia estos dos hombres. En una escena, cuando Ada recupera el piano, se aprecia con claridad en el costado de una tecla una inscripción que dice: A (corazón traspasado por una flecha) D. Poco después, vemos como Ada extrae una pieza del piano y graba un mensaje para George que dice: Querido George, mi corazón es tuyo, Ada McGrath.

Unas escenas después se da el reencuentro entre Ada y el piano. El tono de la fotografía cambia drásticamente de tonos opacos, grises y fangosos a tonos cálidos del atardecer, pero, cuando deben regresar y dejar nuevamente el piano en el silencio de la playa vuelve a opacarse la pantalla. El vínculo es tan fuerte que cuando Alisdair entrega a George el piano, Ada dice que no dejará que él lo toque alegando que es un ignorante, pero no consigue su objetivo.

Ada, más que muda, está deshumanizada sin su piano: Morag dice que ella rompió el encaje de su vestido de novia con los dientes y que se limpió los pies en él, Alisdair afirma que “el silencio tiene sus méritos” y que con el tiempo Ada y él se amarán, a lo que la tía Morag contesta que “es fácil amar a las mascotas, y ellas no hablan”. El piano es de Ada, pero también unas veces es Ada y otras es su esposo.

Luego, cuando Ada visita a George para las lecciones de piano le pide a Flora hacer escalas para afinarlo y se sorprende mucho cuando descubre que alguien, por órden de George, se había encargado de eso. No hay que olvidar que Ada acepta la extorsión de George ofreciéndose ella misma como el rescate para recuperar su piano. 

Cuando Ada escucha a la tía Morag decirle a Alisdair que George se irá, se levanta de su asiento, va al piano y toca una melodía triste, como si llorase o se lamentase por su partida.

Ante la noticia tan lamentable, Ada intenta establecer comunicación con George y Flora, atendiendo a su albedrío más que a las órdenes de su madre, le entrega la tecla con el mensaje a Alisdair y este en medio de su arrebato vertiginoso e iracundo la deja donde estaba trabajando y cuando dos indígenas la toman la tocan y afirman “perdió la voz, ya no canta”, y esa pieza perdida en el nahual pronostica la ulterior mutilación de Ada, vale la pena tener presente la relación entre una tecla de piano y un dedo, además de la innegable similitud entre la articulación y el objeto.

Finalmente, Ada se va con George, que desde que la conoció decidió que quería escuchar la voz que había prestado a su piano y ya no era necesario el silencio. Ahora quería hablar, le faltaban las palabras y las notas del piano limitaban sus ideas. En ese momento el piano murió: “es un ataúd, deja que el mar lo sepulte”, “vaya muerte, vaya destino, vaya sorpresa.” “¿Mi voluntad escogió la vida?” “De noche pienso en mi piano en su tumba oceánica. “Abajo es tan quieto y silencioso que me hace dormir. Es una extraña canción de arrullo. Tenía que ser… es mía. Hay un silencio en el que ningún sonido se escucha. Hay un silencio en el que sonido alguno puede existir: en la fría sepultura del mar.”.

Ella dijo: tengo miedo de mi deseo.

Alejandra Cerrato

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