Acuario, de Víctor Manuel Ramos, es uno de esos libros que es impensable que se llamen de otra manera. Su nombre no miente, desde la primera hasta la última página es un acuario lleno de criaturas marinas, diversas como solo hay ellas.

La estructura, como se puede intuir, es muy simple. Cada pieza del texto, que navega entre lo lírico y lo narrativo, está dedicada a un pez; siempre de manera creativa y orgánica. Son varios los artificios literarios de los que se vale el autor para que resulte una obra infantil disfrutable, aunque a los adultos también nos viene bien.

Por ejemplo, en El gurami perlado, Un fantasma de cristal, El pez diamante, entre otros, hay una caracterización narrativa, que recuerda a Las medias de los flamencos de Horacio Quiroga. Y a pesar de que la edición de 2018, que sirvió para hacer este comentario goza de ilustraciones, casi que se puede prescindir de ellas, porque con las palabras se logra figurar las imágenes bajo el mar (o el río).

Hay referencias a la cultura popular. En El pez diamante se hace referencia a la Sucia que lava en los riachuelos donde ha dejado caer sus diamantes que navegan de un lado para otro. Ramos tampoco se perdió la oportunidad de referenciar la lluvia de peces de Yoro en su acuario. Y hasta la mitología griega tiene su lugar, con el pez aguja, que teje y desteje en las manos de Penélope.

Imagen tomada de Tu Mundo Acuático

Se ha aprovechado en Acuario que los peces son una especie que recibe nombres referentes a la cotidianidad o por lo menos referentes a objetos comunes: pez globo, pez luna, pez gato, pez ángel, pez disco. Prácticamente todos son comparativos y hacen referencia a sus características físicas. Esto es lo que ha dado pie a que se juegue con la semántica de los nombres. Un buen ejemplo es El gurami besador, que aprovechando que los besos remiten generalmente al amor y a la pasión, se procura generar ese ambiente: Con la llegada del amor, también llegó la primavera al estanque. Los guramis besadores aprovechan la estación para besarse, con sus bocas apasionadas, como los amantes en las películas prohibidas para los menores de edad (Ramos, 2018).

Ramos no solo hace una agraciada e ictícola descripción del mar, sino que tiene la delicadeza de mostrar la física, explicando la inercia (Un alumno de física aventajado) y la filosofía, con los avatares de su naturaleza (El peligro de pensar). Este último es un cuento para desentrañar, y como sugiere, pensar y pensar.

Es necesario apuntar que la estructura didáctica de la que goza el texto, no demerita su valor estético. Es más, demuestra la solidaridad que existe entre la didáctica y la belleza, que debe procurarse siempre.

Josué R. Álvarez

Referencias

Ramos, V. M. (2018). Acuario . Tegucigalpa : Editorial Girándula .

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