La decena de relatos que componen Pudimos haber llegado más lejos, del escritor hondureño Jorge Medina García, hacen referencia a lo inferiores que somos respecto a otros seres humanos, a las circunstancias y, sobre todo, lo infinitamente pequeños que somos ante nuestros defectos.

Salvo La parábola del retorno de Súper Ratón, no se identifica en los cuentos la necesidad de darle una última vuelta de tuerca a la historia. Y esto, lejos de ser una crítica negativa, se cuenta como una virtud en la construcción narrativa. Como lo afirmó el mismo Jorge Luis Borges, hay cuentos que se sostienen sobre el argumento y hay otros que se sostienen sobre la calidad narrativa. En este segundo bloque quedan los cuentos que hoy nos ocupan. Y es posible que convertir lo ordinario en extraordinario sea mucho más difícil de lograr, pero más importante aún, puede que se disfrute aún mejor.

Las historias que cuenta Medina García en Pudimos haber llegado más lejos, son historias casi cotidianas. Es posible que conozcamos a personas tan poco afortunadas como las de las historias. Quisiera aclarar, que no por eso se trata de un anecdotario, sino de un libro de cuentos hecho y derecho, lo que le da aún más mérito.

En Pudimos haber llegado más lejos, el conformismo, los vicios, el masoquismo, la avaricia combinada con desfachatez, la ira, la imprudencia y otros defectos humanos no son temas; se puede afirmar que son la historia misma. Y ninguna de ellas sirve de pretexto para moralizar, aunque tampoco para sublimar nuestra decadencia. Es más bien un lienzo parta contemplar, uno quizá como El retorno del hijo pródigo, de Rembrandt. Con sus luces y sus sombras.

El regreso del hijo pródigo – Rembrandt

En Los irredentos, por ejemplo, el cinismo de los líderes religiosos es la historia en sí misma. El tema, al igual que en otros relatos, es lo que está detrás de la actitud desvergonzada: la miseria humana. Tema que será recurrente en los posteriores trabajos de Medina García. Y que es ciertamente canónico dentro de la literatura. Basta con pensar en el relato judeocristiano de la creación; detrás de la desobediencia adánica está la miseria, la pequeñez humana, que es una sola con sus vicios y sus torpezas. Y lógicamente, se concatena con sus posteriores infortunios.

La colección de cuentos del escritor yoreño no llega ni a cien páginas, pero plantea de manera seria a la vez que jocosa aquellas lagunas que tenemos probablemente todos, solo por el hecho de ser humanos. Lagunas en las que a veces naufragamos y consecuentemente morimos. O mejor dicho, nos hacen morir.

Josué R. Álvarez

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Complot (Microcuento)

—¿Viste?  —le dijo un león (con acento argentino) a un cocodrilo, mientras miraban al último humano morir —bastaba con dejarlos actuar, ellos solos se matarían. Nos llevó varios siglos de perfecto silencio. —Reinaremos —replicó el cocodrilo. Josué R. Álvarez

«Estos días se llaman Blanca»: Sinécdoques y madres

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