El taxidermista es un libro de cuentos particulares. Son historias claras y todas en conjunto funcionan como un manifiesto narrativo. Pero, ¿qué es lo que probablemente quiere declarar Georgina Vanegas en su texto? La colección de cuentos parece un gran ejercicio de extrañamiento, una vuelta de tuerca más a la vida, mirar las cosas con una óptica distinta.

Se puede identificar en cada una de sus seis historias, preguntas que se camuflan como acciones en los cuentos. ¿Qué es en realidad el alma?, ¿cómo sería si tuviera una materialización?, pero la más importante que se puede desgajar de las páginas del primer cuento es: si tenemos un alma, ¿cuál sería su función y qué tiene que ver con nuestras decisiones en la vida? De ahí que pueda surgir otra pregunta: ¿Decir alma es decir nuestra esencia?

El mismo ejercicio reflexivo se puede hacer con el resto de las historias. ¿Para qué los sueños?, ¿de qué se trata en verdad el amor y la amistad?, ¿por qué no cuestionamos las tradiciones?, ¿por qué nos importan y molestan tanto las nimiedades?

Estas preguntas (más las que otro lector se haga) aunque puedan tener alcances desde lo cotidiano hasta lo filosófico son planteadas más bien desde el humor, un ácido humor a veces, como en Dalí, en el cual el personaje en lugar de soñar dibuja lo que se supone que debiera soñar, y como si no lo controlara tiene sueños recurrentes y hasta pesadillas. De la mano de esas situaciones con tintes tragicómicos se van desplegando preguntas que hacen disfrutar los cuentos. De cada uno de ellos hay algo que agradecer: la referencia al Génesis en El hombre de Neandertal, una pintura o una canción dejada caer en el texto o crear una historia de la simple división silábica, que ni es cotidiana ni algo sofisticado.

Uno de las canciones citadas en la obra

En el caso de Avemaría, las elecciones pasan por lo trivial, pero porque a lo trivial le damos muchísima importancia, nos recuerda lo irónica que es la vida. Después de todo, las cosas importantes como casarnos, se terminan decidiendo por pequeños detalles.

El taxidermista es una colección de cuentos orgánicos, no hay uno solo que sobre. Se los puede calificar de amenos, divertidos, curiosos; pero sobre todo, se puede considerar que cada uno de ellos funciona.

Al final de cuentas, la obra de Vanegas vuelve a lo que podría ser algo esencial en la literatura: hacernos preguntas mientras leemos. Y este texto que hoy nos ocupa, no se interesa por ofrecer una sola respuesta o una explicación. Solo plantea felizmente las interrogantes, a veces ni siquiera tan trascendentales, más bien de esas que salen en las charlas con los amigos y que se disfrutan mucho.

Uno de los detalles de la técnica narrativa que posiblemente más se disfrutan es cuando la rutina se narra como una enumeración. En el cuento Dalí: ¡Rápido porque ya son las seis y quince! Entonces, es la ducha, la corbata y el desayuno. Pero antes del auto y del jefe es la vecina que sale a dar clase (pág. 27). Como en la vida, la rutina no necesita de mayores detalles, solo pasan o caen como si de un sustantivo se tratara. Esta forma escogida tiene dos efectos en la temporalidad de la historia. Por una parte, hace que avance el tiempo, que es lo de menos. Y por otro lado, además, al estar narrado así (y en tiempo presente) genera una sensación de repetición. A los demás hechos narrados sí se les da mayor desarrollo y mayores detalles.

El taxidermista es una obra sobria, sólida, coherente y llena de recursos para generar una buena sensación en el lector. Lleva poco tiempo de lectura, que si está bien hecha, serán varias horas de meditación.

Josué R. Álvarez

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