La colección de cuentos Soft machine (2021) del escritor salvadoreño Ricardo Hernández Pereira ofrece catorce historias, divididas en tres partes (Manías, Extravíos, Pequeñas muertes), que navegan entre nuestro mundo y otro apenas sospechado pero muchas veces imaginado, es decir, el mundo fantástico.

A pesar de que no hay razón ni se trata de ningún principio que la fantasía sea metáfora de la realidad, es muy difícil leer algo que se ambiente en nuestros contextos (Centroamérica para este caso), aunque sea fantástico, y no pensar en lo alegórico de la historia. Eso pasa con este libro.

Hay un par de cuentos en Soft machine, que se pueden considerar de una enorme profundidad. Nunca es demasiado tarde para el amor, por ejemplo, es un cuento sobre la esperanza. No importa cuán lejos tengamos que ir, si tenemos la esperanza (o la desesperanza) de recuperar eso que nos ilusiona. En el cuento son unicornios (de colores imprecisos) en la vida es el amor o la utopía.  Particularmente, esta historia me parece la mejor lograda de todo el libro. Es clara, amena, graciosa y la lectura del último párrafo no permite pasar al próximo cuento de inmediato. La calidad de la prosa en cualquiera de los cuentos se da por descontado, hay un trabajo muy afinado al respecto.

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Hubo otro cuento en particular, que me obligó a leerlo dos veces y suspender la lectura por un rato para pensar: El padre Cosme. En esta historia se sugiere más de lo que se cuenta (una constante en Soft machine), una parroquia católica se ha quedado sin feligreses, y al padre no le queda más que ofrecer misa a los que menos uno se imaginaría, pero que, si se revisan las opciones preferenciales del cristianismo, deberían ser los primeros en recibirla. Y no importa si es una crítica o no, el casi delirio que propone el cuento da por lo menos para pensar.

Mutilaciones es un cuento que se puede considerar que tiene su encanto en lo extraño y lo perverso del late motiv, de sus personajes, que parecen sacados de una película de serie b de los años ochenta.

El encargo, se podría pensar que termina de manera abrupta, es posible que a muchos lectores les cueste un tanto decidir el valor estético de ese final, pero creo que en definitiva de cuentas puede gustar. Y no importa si es un final abierto o no, realmente de la manera en que está construida la historia funciona.

En la tercera parte, llamada Pequeñas muertes, se elabora un discurso sobre la violencia. O mejor dicho, las violencias, las que se ejecutan con armas potentes y las que se ejecutan con palabras, gestos o acciones que aparentemente no lo son, como las llamadas telefónicas de los bancos o las compañías de teléfono. O quizá los acuerdos ocultos que hace la sociedad sobre las relaciones de pareja, y que nosotros aceptamos casi sin reparo, porque nos apunta la pistola del juicio social. Entre líneas se pueden leer las debilidades humanas que hay detrás de las violencias que nos provocan esas pequeñas muertes cotidianas.

Una de las virtudes generales de las que goza Soft machine es que sus personajes son carismáticos y están muy bien delineados. Desde el bromista que decía ver unicornios hasta la pareja que mira documentales en la televisión.

Es posible que los cuentos haya que dejarlos reposar un rato o saborearlos muy lentamente para terminar de descubrirlos. En otras palabras, a pesar de que el libro no supera las cien páginas hay que tomarse su tiempo y no leerlo de prisa.

Josué R. Álvarez

Entrevista hecha al autor

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