Casi en un absoluto silencio, se publicó en 2017 la ópera prima de Carlos E. Bulnes, El llanto de los gorriones. Una colección de once relatos, que para efectos de este comentario serán diez, ya que el último de ellos es una licencia que se tomó el autor de incluir un cuento de su padre. Hecho que no demerita de ninguna manera su obra.

El libro tiene un cuento central, por llamarlo de alguna manera, que si bien no le da nombre al libro, casi: Los gorriones. Este relato, que es muy bien llevado, más tiene un tono novelesco que cuentístico. No es una historia que enfoque sus fuerzas en llevarnos al final. Al leerlo no importa lo que suceda en la última página, Daniel es un personaje lo suficientemente carismático como para extenderlo por cientos de páginas, igual que Miguel. Independientemente de su clasificación, es una historia que se disfruta muchísimo, a mi juicio un gran acierto que bien pudo tener su propio libro.

La cosa que crecía, El viejo del café, y Lalo son definitivamente los relatos mejor logrados. Tienen del cuento clásico la virtud de que terminan, no en el punto final, sino en la cabeza del lector, además de que guardan lo orgánico que necesita todo gran cuento. No dependen de interpretaciones externas para alcanzar la belleza. En los demás es probable que Bulnes se extienda más de lo debido, hay cuentos que quizá tendrían mejor suerte si terminaran unos párrafos antes.

Como sistema, Bulnes trabaja dos elementos: el desplazamiento hacia lo extraño y la incertidumbre del otro, es decir, el enigma. En El rey de las hormigas el protagonista se desplaza a las afueras: lo descubrí en una de mis aventuras en bicicleta de sábados por la tarde, en las que iba a las afueras de la ciudad (pág. 18). En este lugar conoce a Andrea, una niña muda que aparece y se va como si nada, sin ninguna compañía, por lo que no puede parecerle menos que enigmática.

Funciona de forma parecida en La cosa que crecía, cuyo nombre delata que están frente a una entidad que no pueden determinar, de la cual saben nada, y además se desplazan para encontrarla: Cualquier persona con más de dos dedos de frente se extrañaría al ver que, en pleno bosque, el viento de repente decidiera dejar de pasar por allí (pág. 47).

Bulnes juega con el enigma del enamoramiento, en El chico que leía libros, Alejandra piensa a través de la voz del narrador: […] extraño, sin pasado conocido, y su personalidad como la de un libro polvoriento encima de un desván esperando a ser abierto. Se estaba enamorando y estaba consciente de ello (Pág. 56). No queda de lado el desplazamiento, aunque en este caso es menor: […] saltaron la pequeña verja, y al cabo de unos pocos minutos, ya se encontraban en el jardín que colindaba con el Hospital Psiquiátrico (pág. 58).

En Los gorriones, Miguel tiene que seguir a Daniel al bosque para que suceda lo mágico, lo extraño. Y por supuesto que Daniel es un personaje enigmático, aunque este sí se va descubriendo con el paso de las páginas (insisto, a modo de novela). Mucha gente sabe que Daniel camina por las afueras de Torquia, y se interna en el bosque; nadie se ha atrevido a seguirlo (pág.78). En las páginas anteriores se explica lo extraño que les resulta Daniel a todos.

Imagen obtenida de canva.com

Sin duda, El viejo del café y La gente detrás de la colina proponen el mismo patrón. En el primero el escritor se desplaza al café, y se encuentra con esta figura misteriosa y sobrenatural del viejo. Y en el segundo, el estudiante de medicina llega al pueblo (el desplazamiento) y se encuentra con esta figura colectiva del pueblo que es muy extraña.

De alguna manera en El llanto de los gorriones, se trabaja con el suspenso y la intriga, y lo que hace avanzar el relato son esos desplazamientos y el intento por descubrir qué es eso que se propone como misterioso y extraño.

Hay más elementos que se repiten y se trabajan constantemente en los cuentos: los niños y el bosque. Los primeros que entran en una gran relación con el segundo elemento. Es como si ellos despertaran la magia. En los cuentos en los que más evidente se vuelve es en Los gorriones, donde Daniel despierta esa fuerza desconocida de los gorriones y en La gente detrás de la colina en la que los niños son especiales dentro del bosque.  

Esta conjunción de elementos hacen que la obra de Bulnes destaque como un elemento orgánico, en el que el lector se siente en la misma zona, mas no que se está repitiendo una y otra vez.

Josué R. Álvarez

Bibliografía

Bulnes, C. (2017). El llant de los gorriones . Tegucigalpa : Autopublicación.

Portada del libro: obtenida de guaymuras.hn
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