Sí, sé que todos queremos vivirlo (o verlo) y no que nos lo cuenten, pero no hay por qué temerle a los espóiler. De hecho, desde el punto de vista narratológico una novela, cuento, película o serie que se arruine por completo debido a que se adelantó algún suceso de su trama, tiene un fallo fundamental: es técnicamente un chiste. ¿Y quién se ríe del mismo chiste dos veces? Y aún si pensamos y analizamos esas historias que tienen una vuelta de tuerca que nos dejan con la boca abierta, llegaremos a la misma conclusión. La vuelta de tuerca solamente fue la cereza del pastel, siempre lo que más ha importado es el camino.

Pensemos, por ejemplo, en La isla siniestra, una de esas películas que tienen un giro de timón que nos tumba el carro y lo saca de la carretera. La idea que siembra rumbo a los minutos finales de que el loco es Teddy (perdón por el espóiler) no significaría nada sin el trabajo que se realizó en los minutos anteriores de la historia.

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A mí, particularmente, nunca se me ha arruinado una historia por un espóiler, principalmente porque entiendo que en el caso de las artes audiovisuales hay muchos más elementos que disfrutar: actuaciones, dirección, fotografía, música, desarrollo de los personajes y particularidades de la película. Lo mismo sucede en el caso de la literatura, el uso del lenguaje y las acciones mismas son elementos disfrutables más allá de cualquier sorpresa.

Cuento esto nada más como experiencia. Cuando alguien me ha dado un adelanto de los hechos, mi respuesta ha sido: «Bueno, veamos cómo se llega a eso». En otras palabras, es necesario aprender a disfrutar el camino. Incluso, lo he llegado a poner en duda.

No tendría ningún sentido, entonces, ver una película varias veces. Temerle tanto a los espóiler es pensar a las películas como un producto desechable. Y más allá de la calidad de algunas, no creo que ningún arte lo sea.

Es más, hay películas con títulos, carteles, tráilers tan sosos que muchos no se habrían interesado en ellas de no ser porque alguien se las contó.

No pretendo cambiar la idea de nadie con estas palabras, solamente aportar otro punto de vista. Las personas, a pesar de lo que yo diga, seguirán huyendo de que les cuenten algún detalle. Para fortuna de muchos, creo que se ha ido desarrollando una cultura al respecto, y las personas han aprendido a callar lo que ven, como si de un barrio peligroso se tratara.

Josué R. Álvarez