El árbol hace casa al soñador, de Albany Flores, es casi una lluvia de ideas sobre el concepto de  casa. El poema IV, Flores lo abre con el siguiente verso: Sobre el árbol de los días edificaste la casa […], y sigue unos versos después: La casa no sucumbe en la arena / con el soplo ligero / de las primeras aguas / no descansa en la roca (pág. 16). Es probable que esta referencia bíblica sea la declaración de intenciones de su poemario. La roca representa lo estático, en cambio el árbol representa la vida misma, lo que crece y lo que se marchita y muere. Suceden cosas entre el principio y el final de una casa: La casa vacía se va quedando cada vez más sola (pág. 33).

El hombre es el árbol mismo, y el árbol es la casa: pájaro sol / árbol hombre (pág. 16). Así que el hombre es la casa, o por lo menos la provoca. Más adelante en el poema XI se propone: Un hombre es un pez. […] El pez, es, tal vez, / un solo árbol marino, / que se esconde de la red (pág. 25), como recordando nuestro origen y nuestra primera gran casa. Lejos de este mar no está la casa (pág. 28), versifica luego. Entre los versos se descubre que la casa, más allá de su forma o lugar, corresponderá al hábitat del hombre y la mujer: como si fuésemos capaces de subir a una balsa / donde creímos vivir por un tiempo (pág. 30). También se despliega esta idea en: La noche está cercana a las orillas, / y el árbol hace casa al soñador (pág. 18). Es la razón por la cual la casa anhela al ser humano, porque solo en él encuentra sentido su existencia.

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Por consiguiente, la casa no es un lugar estático, a ella se llega y pronto de ella uno se va: Así nos quedaremos solos, / sin la blanca elección de nuestros ojos / y sin los pájaros tordos, / que nunca volverán más a tu casa (pág. 15). A veces está vacía; a veces, llena; y hay en ella algo de soledad y en ella se extraña a la vez que se la extraña: Pero en las tardes de octubre en que llueve / nuestra casa, nuestro patio / y nuestras flores, / te lloverán un día /en los ojos (pág. 20), o Andabas sucio de tiempo entre las multitudes, / solo y aislado de la patria / y de casa (pág. 21).

Se deja entrever también que la poesía es su casa (del yo lírico), y que el árbol, expresado en papel es la casa de la poesía. Y a su vez, las palabras son casa de las ideas y las ideas casa nuestra. Extiende así su idea de habitar, aunque por su puesto con una exigencia interpretativa mayor.

Flores Garca reflexiona sobre la casa y el ser humano con un lenguaje directo, en apenas diecisiete poemas. Y lo hace, como probablemente el tema seleccionado lo exija, desde lo cotidiano, y desde la unidad.

Josué R. Álvarez

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