No es extraño que por esta época surja literatura comprometida con el medio ambiente, sobre todo si está dirigida a menores. Una amiga verde, de Lizzi Bustillo, es una propuesta narrativa que está construida justamente sobre la idea de cuidar nuestro planeta.

Orquídea, Pino, Maya (la guacamaya) —todos símbolos patrios de Honduras— y la señora Gloria (una violeta), de pronto ven amenazado su hogar por los deseos de los humanos de construir diversión sobre sus escombros.

Y lógicamente el disparador de la trama de la novela es la necesidad de la naturaleza de cuidarse. Para que eso suceda habrá que cambiar los pensamientos de la pequeña Mónica, quien disfrutaría de la construcción que acabaría con la vida silvestre en ese sitio.

La narración se vale de la magia para hacer entender a una niña lo que vive un bosque cuando no tiene agua, cuando se tala, cuando se quema. Es como si la autora nos estuviera diciendo que a nadie le gustaría vivir en carne propia lo que viven los árboles cuando no hay agua o los alcanza el fuego.  

La obra de Bustillo deja una reflexión muy particular. Los seres humanos estamos tan ensimismados que para cobrar un poco la conciencia sobre lo que sucede en nuestra casa común, hay que darle figura humana, para que nos duela. Aunque, por otra parte, sabemos que entre más se parece la otredad a nosotros, más fácil nos compadeceremos de ella. De alguna manera, la autora también intenta desgajar por qué nos comportamos así, de una manera tan bestial que la naturaleza misma no lo entiende.

También nos recuerda que para amar la naturaleza hay que conocerla (bueno, eso cualquier cosa que vayamos a amar) y que, por lo tanto, será necesario que la acerquemos de alguna manera a las personas. Y estuve tentado a decir que sobre todo a los niños, pero los adultos también somos capaces de aprender y desaprender.

Pero cómo la vamos a conocer si cada vez es menos y la cubrimos más de cemento, no es casual que así suceda en la novela.

Considero que esta es una historia que se puede analizar más allá de los problemas aparentes que propone, y que por supuesto para los niños es una mágica lectura.

Josué R. Álvarez

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