En El secreto del bosque de Copán, de Teresa Coello, confluyen diferentes elementos de la cultura hondureña y en algunos casos de la cultura general. En la historia nos encontramos con guacamayas, venados, Chupacabras, piteros que le temen a la última estrofa de la canción Pitero, referencias a los jaguares y a la cultura maya, entre otros elementos menos estéticos como el garrobo y ¡hasta los mosquitos!

Al desarrollar una historia en Copán, la autora no desaprovecha la ocasión y habla de astronomía y además se contempla, a través de los personajes, las estrellas. Haciendo referencia al pasado que tienen Copán con las estrellas. Tampoco pierde la oportunidad para contar, en medio del relato, el daño que le hace al patrimonio la desaparición de piezas arqueológicas.

La historia se desarrolla en uno de los lugares más históricos de Honduras. Imagen de hondurasensusmanos.com

La introducción del Chupacabras como personaje es, además de clave, un acierto. ¿Acaso no es el Chupacabras que ahuyenta a los visitantes, una analogía de todos esos males que hacen que las personas se resistan a visitar ciertos sitios, a pesar de su belleza, porque tienen miedo?

Más allá de la simple referencialidad, la autora permite que los personajes digan, por ejemplo, mi Negra, que es una forma bastante común de llamarse entre las parejas en Honduras.

Esta breve novela infantil es una gran oportunidad para dotar a estos personajes de nuestra cultura popular de una personalidad única y divertida.

Desde el punto de vista narrativo, la historia va fluyendo con mucha naturalidad y los conflictos que van sucediendo y trasponiendo. Se resuelven con bastante soltura. Hay una transformación del venado Cervantes, que va construyendo su personalidad y definiendo su carácter a medida va ayudando a resolver problemas en la comunidad. Palabra que ciertamente es muy importante en la historia, ya que para que las cosas funcionen es necesario pensar con un sentido comunitario.

Una lectura agradable, llena de valores y detalles encantadores para los más pequeños.

Josué R. Álvarez

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