Del poemario «Salve invierno», del escritor hondureño Alberto Destephen se puede afirmar que tiene varias identidades. Está compuesto de dos partes: «Sueños en el fuego» y «Salve invierno» que a su vez le da nombre a la obra publicada en 2015.

Una de las principales marcas del texto es que tiende a la sublimación a través de la exploración del Universo. El yo lírico ama a otra persona, y la exalta en la medida en la que la entiende como el Universo mismo. Es por eso por lo cual el yo lírico se percibe siempre lejano a ella, incluso en otro universo: «Tu estabas en el universo paralelo / de mis pretensiones, / donde respirabas mi angustia / por tu cuerpo» (pág. 30). También el la página 36 en el poema «Todo huele a ti», propone: «Huelo el mundo como si estuviese hecho / de tus ojos / de tu boca / de sus accesos».

En este afán, Destephen recorre y muestra el Universo, tanto en sus dimensiones cotidianas como en sus dimensiones fisicomatemáticas. Cualquier valor semántico que se relacione con el Universo es válido como recurso lírico. «Distancias curvas… / Son parábolas frágiles / color universo, / floto en desmemoria…» (pág. 41).

Portada de Salve Invierno

El Universo del ser amado es recorrido en la palabra gracias a una semántica del desplazamiento, a veces con verbos explícitos: «Desembocaba en tantas orillas, recorriendo épocas» (pág. 29); «Yo sofocaba ambiciones / recorriendo galaxias / para conseguir / los espacios piélagos» (pág. 37). En algunos casos la semántica está construida de manera más sutil, como en los primeros tres versos del poema «Infinita espera»: «Una mujer de líquidos sueños / espera en sus quimeras / a un hombre que la inventa» (pág. 32). En este poema el verbo «esperar», sugiere que hay alguien más que está en camino, quizá una figura homérica, insinuada en los versos: «En tu desidia / tengo lunas grises / espacio perfecto / a la Ítaca de los sueños» (pág. 47). O en el caso de: «Es frágil la oscuridad del destierro» (pág. 43), que remite siempre al desplazamiento.

No es casual que el poemario se nombre con el invierno, que es propuesto desde la construcción del discurso lírico como ausencia: «Salve invierno / el imperio de nuestro silencio, / las tempestades / de lo prohibido» (pág. 83); lejano de fuego, que es al fin y al cabo un sueño, como la primera parte de la obra.

Dados los anteriores hallazgos, se puede sugerir que lo que se espera que sea el fuego del amor es siempre insuficiente, y la exploración del ser amado no acaba nunca, así como el Universo mismo. Es decir, siempre nos coloca en la lejanía espacio temporal.

También es posible que el poemario sugiera que toda perfección o es imaginaria o es un recuerdo contaminado por la mala memoria, es decir, que la perfección es inaccesible como el lo versos de «La casa perfecta», en el cual se lee: «La casa más sonora, / la casa hecha con el agua de las palabras, /con la luz blanca de los recuerdos / en la distancia perfecta de los sueños» (pág. 79).

Por último, el saludo al invierno es quizá la bienvenida a la vejez, que es siempre más recuerdo que presente, es decir, es más ausencia que presencia. Pero por otro lado también es probablemente un saludo a la madurez, que es la que hace posible que se viva en medio de tanta carencia.

Se debe advertir que la lectura de «Salve invierno» no desnuda su contenido a primera vista. Hay que leerlo globalmente y no dejarse distraer por lo que parece un juego matemático, para poder disfrutarlo en su plenitud.

Josué R. Álvarez

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