Presencia de la ausencia (2004) de Santos Paulino Escalante, es una colección de poemas fundamentalmente amorosos pero que hacia el final del libro van tonándose más metafísicos, y como su nombre lo indica, hay en el libro un dejo de tristeza y nostalgia.

En efecto, el nombre del poemario, que más o menos encarna su esencia podría distraernos y creer que se trata de un oxímoron porque sí. Pero si se piensa con un poco de paciencia nos daremos cuenta de que, en realidad se trata de esas obviedades que son tan evidentes que ya no las notamos, y hacerlas notar es irónicamente un mérito.

En esencia nosotros somos presencia y lo somos con nuestro alrededor, pero somos escasos y limitados, entonces, se puede decir que son más nuestras ausencias que nuestras presencias, pero solamente notamos algunas. Es más, solamente llamamos ausencias a algunas. Si, por ejemplo, de trescientas personas que conocemos apreciamos a unas cuarenta o cincuenta, y pasamos varios meses sin verlas, lo que consideraremos como una ausencia en nuestras vidas serán las cincuenta o tal vez menos, y no en todo momento.

La ausencia implica, entonces, el incumplimiento de un deber de estar allí o al menos un deseo de presencia. Involucra, por supuesto, el anhelo, el deseo, el pensamiento, la imaginación o cualquier otro sentimiento que nos vincule con otras personas. Y lo que hace Escalante en el poemario es remarcar, remachar, en definitiva, hacer notar esas ausencias.

En el poema Pájaros sin paisaje se propone: A veces sentimos / que somos pájaros / sin paisajes; /pájaros sin crepúsculos (pág. 19). Probablemente si pensamos en la palabra pájaro o directamente en ellos, consecuentemente vendrá a nosotros la palabra paisaje o el paisaje mismo. Están concatenados el uno con el otro, por lo que imaginar el primero sin el segundo se convierte en una imagen triste.

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La figura del pájaro se repite constantemente entre poema y poema, tal vez como símbolo de libertad y movimiento, los pájaros casi nunca están en el mismo sitio.

Notar esa falta de presencia, implica en algunas ocasiones imaginación: Decirte -quizá- / que bajo la frescura del paisaje repetido / he desnudado tu forma exquisita / con la luz de mis lámparas humanas (pág. 31). De esta manera se construye una presencia. Estos elementos antitéticos, son además de ello, al menos desde el lirismo, complementarios, como sucede con otros tantos elementos.

La soledad de Escalante es triste y desesperada por momentos sí, pero es de algún modo aceptada y quizás redimida.

El pasado es también una ausencia, que es capaz, al igual que todas de golpearnos, como propone en el poema Curiosidad humana, en el que el pasado se muestra inaccesible, pero igual podemos tropezar con la piedra que mató a Goliat. Fabulosa imagen.

La muerte, infaltable en cualquier discurso poético, aparece como una soledad, como una ausencia, y particularmente destaco los siguientes versos, quizá los más preclaros e iluminados del libro: Después / (si todo me resulta adverso) / no me busquen en las alas cargadas de incienso / o de rosas negras; / búsquenme sobre / la margen de un camino cualquiera / ahí estaré destruido (pág. 47). Y ese será probablemente el destino de todos, de allí la universalidad de los versos.

Josué R. Álvarez

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